
Dunas de Maspalomas
Gran Canaria
Un Sahara en miniatura frente al Atlántico
Hay lugares que desafían la lógica geográfica, y las Dunas de Maspalomas son uno de ellos. Cuatrocientas hectáreas de arena dorada se despliegan en el extremo sur de Gran Canaria como un fragmento del Sahara que hubiera decidido instalarse junto al océano. Las dunas, modeladas sin descanso por el viento, cambian de forma cada día: crestas afiladas al amanecer, ondulaciones suaves al mediodía, sombras alargadas al atardecer.
La Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas protege no solo el campo dunar, sino también la Charca de Maspalomas, un humedal de agua salobre que sirve de refugio a aves migratorias como garzas, correlimos y chorlitejos. Este ecosistema, declarado espacio protegido en 1987, es un ejemplo extraordinario de convivencia entre turismo y naturaleza.
Cómo recorrer las dunas
El punto de partida clásico es el Faro de Maspalomas, construido en 1890 y convertido hoy en centro de interpretación. Desde allí, un sendero marcado se adentra en el mar de arena. El recorrido hasta la playa de Maspalomas lleva unos 30 minutos a paso tranquilo, pero lo ideal es tomárselo con calma: detenerse a observar las formas del viento en la arena, escuchar el silencio y dejarse envolver por la inmensidad del paisaje.
Evita las horas centrales del día en verano: la arena alcanza temperaturas muy altas. El amanecer y el atardecer son los mejores momentos, tanto por la luz como por la temperatura.
Para los amantes de la ornitología, la Charca es una parada obligatoria, especialmente durante los meses de migración (septiembre a noviembre y marzo a mayo). Un paseo por la pasarela de madera que bordea el humedal permite observar decenas de especies sin alterar su hábitat.
Caminar entre las dunas de Maspalomas es caminar fuera del tiempo. Solo arena, viento y el rumor lejano del Atlántico.
Consejo LIVVO: Recorre la zona al atardecer para evitar el calor y disfrutar de la luz sobre las dunas.
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